Nuestro planeta está cubierto en un 70% de agua salada. El océano es el que nos permite tener agua dulce con el ciclo del agua. Asimismo, sustenta la economía mundial, regula el clima global, absorbe un 30% de carbono de la atmósfera, y gracias a la producción primaria (trabajo de las microalgas) se produce cerca del 50% del oxígeno del planeta; es parte importante de la economía nacional en Chile, la seguridad, el alimento, el trabajo, y es un ecosistema vital para la biodiversidad marina.
Bajo el contexto de Cambio Climático y la gestión sostenible de los recursos, las pesquerías son una opción al hambre mundial, al empleo y la economía global, conocida como economía azul. Debido a que la mayoría de las pesquerías están sobreexplotadas o en agotamiento, en la actualidad se está considerando transitar de pesquerías locales a pesquerías globales. Desde una gobernanza local a una gobernanza oceánica global, donde la gestión sostenible de los recursos puede ser entre países; para asegurar la salud y sostenibilidad de los océanos, equilibrando el bienestar económico con el uso sostenible de los recursos marinos y previniendo conflictos.
Chile es uno de los países más productivos del mundo. Gracias a la corriente de Humboldt que recorre los países de Chile, Perú y Ecuador, permite que ésta sea una de las pocas partes del mundo donde existe un fenómeno llamado “surgencia”, que por efecto del viento en la costa y la rotación de la tierra, afloran aguas de las profundidades ricas en nutrientes, frías, y con poco oxígeno, que genera una reacción en cadena que permite una alta abundancia de vida marina y con ello, permite que las pesquerías se desarrollen con una alta productividad en estos países.
Las pesquerías enfrentan riesgos como, el colapso y conflictos entre los usuarios. Harding en 1986, afirmaba que los bienes comunes pesqueros están sujetos a la “tragedia de los comunes”, lo que significaba que debían ser gestionadas por el sector público o privado, para no llegar al colapso. Sin embargo, en 1990 Elionor Ostrom, propone una solución alternativa llamada “co-manejo”, donde implica gestionar y tomar acuerdos entre la autoridad marítima y los actores interesados como, pescadores artesanales, industriales, plantas procesadoras, y científicos. En Chile se crearon los comités de manejo para el co-manejo pesquero, con los cuales se han diseñado y ejecutado planes de manejo que buscan el desarrollo sostenible de la pesca, acuerdos consensuados, y la administración equitativa de los recursos marinos, considerando aspectos biológicos, ambientales, económicos y sociales.
Por lo tanto, es urgente gestionar efectiva y equitativamente los recursos pesqueros, logrando una gobernanza local adecuada que garantice que los recursos puedan ser aprovechados por las generaciones futuras, evitando la sobreexplotación, que busque conservar ecosistemas marinos y sus servicios, y disminuir las malas prácticas con acuerdos consensuados y anidados de los usuarios. Es muy importante involucrar a todas las partes interesadas en la toma de decisiones, para así fortalecer la gobernanza local y asegurar que las medidas sean conocidas y aceptadas por las comunidades. El desafío de las pesquerías chilenas además está en fortalecer los comités de manejo, hacerlos realmente inclusivos y equitativos, que se incluyan más recursos, no sólo los sobreexplotados; asimismo, incorporar los enfoques precautorio y ecosistémico.
El desafío de proteger el océano es de todos; todos estamos conectados e influenciados por el océano, y a su vez, nuestras acciones influyen en el océano. La gobernanza oceánica busca promover que somos un océano, y tenemos un solo futuro.